La luz del farol de la calle es lo único que me deja ver mientras en la oscuridad intentas vestirte; he de admitir que todo estuvo fríamente calculado, al entrar a la casa me has besado de tal manera que has cerrado la puerta sin ponerle llave, así de esa forma me llevaste a la sala, lamiste hábilmente mis orejas mientras dejabas caer miel dentro de ellas y tus manos lentamente me desnudaban; te tomaste el tiempo perfecto para poner mi piel en su punto exacto de ebullición, desgarraste con tus uñas mi espalda y con tus dientes sometiste mis hombros tensos y te deleitaste al escucharme gemir de absoluto placer y aún así aguardaste. Te llevé ansioso a mi cama, te arrojé a ella y comencé a besar entera tu humanidad, desabotoné tu camisa tan lentamente y con mi nariz le abrí paso a mi lengua sobre tu pecho, sobre tu abdomen, sobre tu ombligo, sobre la hebilla plateada de tu cinturón, subí de nuevo a tu boca y me monté en ti, mi cuerpo se movía rítmicamente a tus deseos, mis manos tocaban tu espalda tibia y tú me dominabas, me arrojaste a un lado y abriste mis piernas, excitante fue sentir como me arrancabas al pantalón y aún más lo fue cuando del cabello me tomaste y te apoderaste de mis labios; realmente no recuerdo cuando te quitaste el resto de tu ropa, pero tenía tu sexo en mi cara, de nuevo tiraste de mi cabello y lo llevaste a mi boca, no opuse resistencia alguna, me aferré a ti como si hubiese estado sediento en un desierto ardiente y me ofrecieses refrescante agua, y eso era, estaba yo perdido en el fuego del deseo y tú eras la saciedad del mismo. Cerré los ojos y me dejé llevar, tus manos haciéndome tomar más de ti, mi lengua recorriendo centímetro a centímetro tu hermoso sexo y mi garganta siendo sofocada por su grandeza; te escuché decir que eras todo mío y succione aún más, de repente me dijiste que no aguantabas más, me diste la vuelta y comenzaste a envestirme con esa fuerza y energía características tuyas que siempre amé, mis piernas abiertas y tensionadas, mis rodillas y pecho sobre la cama, me ofrecí a ti y me tomaste, apretaste mi cadera y un cálido sentimiento se filtro en mi alma y sonreí entre mi constante gemir, disfruté de esos momentos más de una vez al mismo tiempo, tu cuerpo recostado y mi cintura siendo estrujada, tu mano apoyada en mi hombro clavándome más y tus ojos serenos iluminados de lo que creí era amor. Pasó un rato después de que me abrazaste mientras me penetrabas y así juntos nos corrimos, limpie mi propio semen con mi lengua y así sobre ti me dispuse a dormir, me pusiste a un lado, prendiste un cigarro, sonreíste y me dijiste: Duerme. Ahora torpemente te vistes en la penumbra y te marcharás, típico cliché de soledad.
Miradas Callejeras
20101201
Cliché
20101117
Alcoba
Conozco bien ésta alcoba, los sonidos de los autos que las ventanas no alcanzan enteramente a detener, la primer mirada al despertar, si, la conozco bien. El olor de las rosas en el buró de mi lado, sin voltear a verlas sé que son blancas. Éste es tu ritual. También reconozco la mancha de sudor en la almohada dónde hacía poco estaba tu cabeza y en la que ahora tanto en ella como en la cama y las cobijas queda un espacio vacío y ausente. Lo has vuelto a hacer. Pero que idiota soy, aún me sorprendo a mi misma deseando que por una vez estuvieses a mi lado al amanecer.
Tocan a la puerta, es el servicio a cuarto, me ha traído la mucama por orden del señor, el desayuno, una copa con yogurt natural, un vaso de leche fría, pan francés y el periódico. Me conoces tan bien, sabes lo que me gusta y lo que disfruto antes de salir de la cama. Nada se compara con ese grado de atención y finura de tu parte. Es grato saber que no soy una más. Termino y me levanto, me estiro, miro a través de las cortinas. Esa esquina por la que te has marchado, el puesto de donde ha venido el periódico y los árboles que ya están por perder todo su verdor. Una sonrisa ligera se escapa de mi boca y una lágrima fluye libre, mi mano la detiene, soy fuerte, no debo permitirme llorar.
Una ducha relajante, la tina me espera caliente, una bata y un vestido nuevo, también los zapatos y un bolso. Te luces cada vez con algo diferente, la última ocasión fue un corazón azul enmarcado en plata y su par de aretes con esos corazoncitos pequeñitos, en el espejo del baño una nota “El azul de tus ojos es más hermoso que el azul de un diamante, pero juntos hipnotizan a cualquiera”, siempre tan galante, mi caballero.