20101201

Cliché

La luz del farol de la calle es lo único que me deja ver mientras en la oscuridad intentas vestirte; he de admitir que todo estuvo fríamente calculado, al entrar a la casa me has besado de tal manera que has cerrado la puerta sin ponerle llave, así de esa forma me llevaste a la sala, lamiste hábilmente mis orejas mientras dejabas caer miel dentro de ellas y tus manos lentamente me desnudaban; te tomaste el tiempo perfecto para poner mi piel en su punto exacto de ebullición, desgarraste con tus uñas mi espalda y con tus dientes sometiste mis hombros tensos y te deleitaste al escucharme gemir de absoluto placer y aún así aguardaste. Te llevé ansioso a mi cama, te arrojé a ella y comencé a besar entera tu humanidad, desabotoné tu camisa tan lentamente y con mi nariz le abrí paso a mi lengua sobre tu pecho, sobre tu abdomen, sobre tu ombligo, sobre la hebilla plateada de tu cinturón, subí de nuevo a tu boca y me monté en ti, mi cuerpo se movía rítmicamente a tus deseos, mis manos tocaban tu espalda tibia y tú me dominabas, me arrojaste a un lado y abriste mis piernas, excitante fue sentir como me arrancabas al pantalón y aún más lo fue cuando del cabello me tomaste y te apoderaste de mis labios; realmente no recuerdo cuando te quitaste el resto de tu ropa, pero tenía tu sexo en mi cara, de nuevo tiraste de mi cabello y lo llevaste a mi boca, no opuse resistencia alguna, me aferré a ti como si hubiese estado sediento en un desierto ardiente y me ofrecieses refrescante agua, y eso era, estaba yo perdido en el fuego del deseo y tú eras la saciedad del mismo. Cerré los ojos y me dejé llevar, tus manos haciéndome tomar más de ti, mi lengua recorriendo centímetro a centímetro tu hermoso sexo y mi garganta siendo sofocada por su grandeza; te escuché decir que eras todo mío y succione aún más, de repente me dijiste que no aguantabas más, me diste la vuelta y comenzaste a envestirme con esa fuerza y energía características tuyas que siempre amé, mis piernas abiertas y tensionadas, mis rodillas y pecho sobre la cama, me ofrecí a ti y me tomaste, apretaste mi cadera y un cálido sentimiento se filtro en mi alma y sonreí entre mi constante gemir, disfruté de esos momentos más de una vez al mismo tiempo, tu cuerpo recostado y mi cintura siendo estrujada, tu mano apoyada en mi hombro clavándome más y tus ojos serenos iluminados de lo que creí era amor. Pasó un rato después de que me abrazaste mientras me penetrabas y así juntos nos corrimos, limpie mi propio semen con mi lengua y así sobre ti me dispuse a dormir, me pusiste a un lado, prendiste un cigarro, sonreíste y me dijiste: Duerme. Ahora torpemente te vistes en la penumbra y te marcharás, típico cliché de soledad.

20101117

Alcoba

Conozco bien ésta alcoba, los sonidos de los autos que las ventanas no alcanzan enteramente a detener, la primer mirada al despertar, si, la conozco bien. El olor de las rosas en el buró de mi lado, sin voltear a verlas sé que son blancas. Éste es tu ritual. También reconozco la mancha de sudor en la almohada dónde hacía poco estaba tu cabeza y en la que ahora tanto en ella como en la cama y las cobijas queda un espacio vacío y ausente. Lo has vuelto a hacer. Pero que idiota soy, aún me sorprendo a mi misma deseando que por una vez estuvieses a mi lado al amanecer.

Tocan a la puerta, es el servicio a cuarto, me ha traído la mucama por orden del señor, el desayuno, una copa con yogurt natural, un vaso de leche fría, pan francés y el periódico. Me conoces tan bien, sabes lo que me gusta y lo que disfruto antes de salir de la cama. Nada se compara con ese grado de atención y finura de tu parte. Es grato saber que no soy una más. Termino y me levanto, me estiro, miro a través de las cortinas. Esa esquina por la que te has marchado, el puesto de donde ha venido el periódico y los árboles que ya están por perder todo su verdor. Una sonrisa ligera se escapa de mi boca y una lágrima fluye libre, mi mano la detiene, soy fuerte, no debo permitirme llorar.

Una ducha relajante, la tina me espera caliente, una bata y un vestido nuevo, también los zapatos y un bolso. Te luces cada vez con algo diferente, la última ocasión fue un corazón azul enmarcado en plata y su par de aretes con esos corazoncitos pequeñitos, en el espejo del baño una nota “El azul de tus ojos es más hermoso que el azul de un diamante, pero juntos hipnotizan a cualquiera”, siempre tan galante, mi caballero.

20101026

Mariana

Mariana estaba recostada sobre la cama, su cuerpo desnudo era acariciado por el éxtasis de sus manos inquietas y curiosas, unas manos pequeñas e infantiles, las manos de una niña recién fabricada. Su sonrisa blanca se escapaba a ratos como las flores de Alcatraz en medio de su deleite personal.

Después de alcanzar la cima de su autoexploración se levanto tambaleante y se dirigió a la bañera, abrió primero la llave de agua caliente, dejo que la tina se llenará a más de la mitad y luego completo con un poco de agua fría, sales y jabón con un toque de vainilla; sumergiose ella anhelante y el agua le devoró en un instante, subió y parecía que se desbordaría como un río perfumado y tibio, el mismo río que ella tenía por dentro. Se fusionó con las paredes blancas de la tina, sus patas semejantes a las de un león sostenían en perfecto equilibrio ambos cuerpos; Mariana, llena de pasión poseía todo cuanto tocaba, poseyó su cuerpo minutos antes, poseyó el agua en la que estaba y poseyó la tina a la que tanto amaba, ya que un baño para Mariana era medicinal tanto para su cuerpo atormentado, su mente adolorida y su alma abrumada.

El baño en tina le daba nueva vitalidad, por las mañanas lo tomaba largo y pausado, acariciaba su piel con un paño delicado, se enjabonaba con paciencia y sumergía de lleno su cabeza para impregnar su cabello de vainilla y sándalo que al pasar desinhibida por la avenida atraía primero las narices de los hombres y después su vista, Mariana, bruja de enormes ojos y sabia mujer callejera, aún siendo ella quién era tenía el porte de una reina y las piernas de una princesa. ¿Cuántos no le deseaban y miraban con lujuria? Pero le hablaban con ese desprecio lastimero que a ella bien se le resbalaba ya que por las noches de luna plena su baño era de luz , estrellas y tres velas.

La vista desde su balcón era tremenda, se apreciaba frente a su casa el jardín arrebolado que por corazón tenía juguetones coyotes y al lado al fondo del jardín, la iglesia que repicaba todas las mañanas dominicales sus campanas que despertaban de mala gana a nuestra Mariana y en días de jubilo no le dejaban dormir. ¿Qué le vamos a hacer? decía ella y se sentaba a mirar la concurrencia de gente que llegaba desde temprano, primero, los puesteros y después los mirones y compradores.

Ya a mitad del día, portando un vestido blanco escotado y volado se disponía a pasear, una vista al museo de Frida, una caminata por los Viveros o simplemente un libro y un buen café, así vivía, así pasaba de ser un espectro a ser una mujer.

Una noche en la cual se dejó sentir el calor del verano, Mariana con su camisón gris observaba a las parejas que salían del café de enfrente, escuchaba completas las discusiones de los ebrios y mientras fumaba un cigarrillo mentolado se preguntaba si algún día ella terminaría con alguien así. Deseaba poder encontrar a quién le llenara por completo, a quién le abrazara y la vida se le fuese en ello, como el abrazo de su primer amor: Camilo.

Los recuerdos fluyeron como el agua que cae desde lo alto de una catarata, nítidos y estrepitosos, se depositaron en su mente y comenzó verlos claramente; recordó el pequeño dragón de papel que Camilo le regalo en la escuela, el colibrí que trabajo le costo hacer, también de papel y las estrellas y figuras platónicas que a Camilo tanto le gusta hacer y darle; él le decía: -Mariana, el amor es como las figuras de Origami, es hermoso, es delicado y sobre todo muy frágil. Ella siempre lo abrazaba y lo besaba con cada figura, y llegó al punto de tener cientos de ellas. Cuando Camilo falleció Mariana conservó algunas y otras le acompañaron a él a la tumba.

Al igual que su cascada de recuerdos sus lágrimas brotaron sin distinción alguna de sus ojos pardos y una punzada le recorrió entero el corazón, se llevó la mano al pecho y arrojó su cigarrillo al suelo y le piso descalza, el dolor en su pie la hizo regresar de aquel trance de memorias, secó su rostro y optó por un baño de tina para refrescar su cuerpo del calor infernal y su mente de los vagos recuerdos.

La verdad es que, después de esa noche, comenzó a recordar muchas cosas que creía ya perdidas en lo profundo de su pasado y de su alma, las cartas lacradas, el café de moka del Jarocho que hacía años no tomaba, a Lacky, su perro extraviado, el olor de Camilo, su sonrisa perfecta y sus ojos cafés. En varios instantes y por varios días, los recuerdos goteaban desde lo más hondo de su ser hasta la vista de su mirada alegre ya cansada de tanto llorar. Se dijo así misma -Es la temporada; y siguió decidida a continuar.

Azotaron a la capital los fuertes y helados vientos del norte a derribar las hojas secas de los árboles durmientes, Alfombró el naranja y el tenue café las calles empedradas y los jardines suntuosos de Coyoacán. El aroma de "Flores de Muerto" lleno el ambiente de la casa de Mariana, Día de los Fieles Difuntos y Día de Muertos, sus fechas favoritas del año. El color encendido de las flores de Cempazúchitl iluminaba las diferentes ofrendas sobre la explanada de la iglesia, perfumaba y adornaba atrios, escuelas, cornisas, casas. la mesa de Mariana, su recamara, su tina; ya que durante el apogeo de éstas flores, le gustaba remojarse en agua hirviente con ellas.

20101021

Vigía

¿Cuánto tiempo más seguirás dominando el panorama? Un día te pusiste de pie sobre la ciudad y no le has abandonado jamás, has llorado con ella después de ver la devastación y has reído también con ella en días de carnaval. Siempre atenta a lo que ocurre, prestas oídos a las melodías de los cilindremos que ya de memoria te has de saber: Cielito Lindo y La Vida en Rosa; tienes labios mudos y sigues guardando secretos dentro de tu fiel estructura y siempre puntual avisas de la hora.

Esos colores te hacen ver como un gendarme, un vigía y un amigo, ofreces la cara más amable, el techo mas estable y la sombra más fresca para los días de calor, estás llena de vida y aún así te han dejado decaer. El brillo de tus primeros años se ha ido, el vaivén de la tierra no te ha podido mover en sus arranques de locura, has servido como ejemplo para tus hermanos más jóvenes y te ganaste la admiración de los mayores, miras a todos desde lo alto pero jamás has sido orgullosa, hasta eres graciosa, finges en ocasiones estar inclinada, como imitando ala niña de Pisa. Eres parada obligatoria para el viajero que la ciudad visita, ya no eres la más alta, tu hermana menor la Mayor te arrebasó, pero eres tu quién ofrece la vista más detallada de la ciudad, de las paredes naturales que nos rodean, en días despejados de los amantes dormidos cubiertos de su suave sábana de nieve, del ajetreo de los palacios, del sonido del viento que se cuela por las rejas de tu parte más alta, eres quién más cálida y amistosa se muestra ante el mundo.

Antes en éste mismo valle a unos pasos de dónde tu estás se erguían orgullosos y fuertes los templos de antiguos dioses, majestuosamente adornados con imaginería y cosmogonía de una cultura que languidece en nuestros tiempos, tu no contienes imaginería alguno, tampoco eres un templo, pero sin embargo tu misma eres ya una diosa inmortal, ha dejado huella a rasgar el cielo, una nueva generación, un camino que abre paso al futuro, coexistes con palacios y templos de centenas de años, eres joven y fuerte, delicada y graciosa.

¿Puedes imaginarte en el medio de un lago rodeada del verdor de los montes, de la frescura del aire limpio y de un cielo tan claro y azul que se refleja en el agua, o es el agua la que se refleja en el cielo? Sería hermoso ver en ese inmenso azul ver tu reflejo en ambos, siendo parte de esos dos elementos, siendo tu la fusión entre ellos. Torre de viento y lluvia.

20101020

Castillos

Esos viajes al pueblo siempre fueron una fecha esperada por Ella y por mi durante todo el año, estaban siempre llenos de emoción, Agüe siempre preparaba comida desde dos días antes de salir de acá y Abuelo siempre tenía ya mil proyectos en mente para realizar en la vieja casa del pueblo.

En una ocasión el consejo de mayores decidió aprobar la tala indiscriminada de nopaleras, para lo cuál Abuelo nos llevo como siempre a trabajar, Muppet 1, 2 y 4 siempre estaban al mando de Abuelo, y así, todos juntos nos pusimos a tirar nopaleras; cayeron una por aquí y varias por allá, el patio de la casa se convirtió en el campo para una batalla entre la naturaleza desértica y la familia; nosotros tirábamos con cuerdas de los nopales, les cortábamos con machetes y hachas y ellos simplemente se dignaban a lanzar sus espinas, que estratégicamente se iban a atorar en las cuerdas y demás herramientas. Al final el saldo fue de varias nopaleras derribadas y convertidas en pencas y cientos de espinas clavadas en nuestra piel, ganamos por default.

Al terminar siempre los trabajos Muppet 4 robaba las llaves del auto de To y nos íbamos a la presa dónde intentábamos cazar lagartijas y sincuates en la parte seca de la presa que siempre estaba llena de charcos donde croaban ranas y sapos y las arañas se alimentaban de renacuajos; nunca podía faltar la clásica biznaga en mi pie derecho y a Ella intentando quitármela, Muppet 4 se enojaba y me la arrancaba; chapoteábamos un rato y regresábamos en el auto robado a la escena del crimen en dónde Agüe nos regañaba y nos mandaba a la última recamara a jugar con la máquina atarantadora.

A las ocho de la noche Ime gritaba "Primera llamada" y su hermano Is le gritaba "Amalia" y más nos emocionábamos, porque eso significaba que pronto bajaríamos a la feria. después de la Segunda y Tercera llamadas, con sus correspondientes "Amalias" salíamos todos en procesión directo a la plaza del pueblo; al llegar dábamos la vuelta por la feria, To y Ar nos cuidaban, Agüe no nos quitaba la vista de encima y aún así Muppet 4 Ella y yo nos escurríamos de la iglesia al terreno de los castillo, era impresionante verles, tan altos, tan explosivos, esperando que los encendiesen con el espectáculo de juegos pirotécnicos que casi rompe muchos cuellos. Regresábamos a la feria en busca de To y Ar para que nos llevarán a los juegos y así comenzábamos: carros chocones, canicas, tiro al blanco y martillo.

Se escucha el primer estallido en el cielo, es la señal para ir al campo de los castillos, toda la gente se desplaza como manada y busca los mejores lugares para ver las luces. Agüe siempre temerosa de que a sus nietos les fueses a pisotear nos llevaba a todos a un lugar seguro no tan abarrotado, Abuelo, Ime, Is, Eta y los demás miembros del consejo de mayores abrían su patóna y los charros negros desfilaban hasta el final. Las lucen centelleaban en el cielo oscuro, serpientes chisporroteaban mientras se abrían paso y soltaban ese sonido característico parecido a la lluvia sobre el metal, arañas multicolores de más de diez patas aparecían el firmamento, comenzaban a quemarse los castillos, siempre tres, siempre primero el lado derecho, y las luces dibujaban flores, figuras de animales y a veces palabras, que transmutaban mientras los buscapiés y silbadores gritaban y eran el motor del show.

Al termino del primer castillo se dejaban ver de nuevo en el cielo el baile de luces y colores, el olor a pólvora se hacía más penetrante y las nubes grises se esfumaban después de haberse extinguido la luz y seguía de esa forma el segundo y tercer castillo. Nos quedábamos viendo al cielo esperando que las luces aparecieran de nuevo en el cielo, pero no volvían.

Siempre tomé esa fecha para estar al rededor de todos ellos, como la familia a la que pertenecí y el recuerdo es gratamente valorado, son días que no volverán, ya somos viejos y ya hay faltantes, Agüe Cho principalmente, ante ella giraba todo. Esa fecha en secreto la veía como mi regalo de cumpleaños, seguirá siendo un regalo.