En una ocasión el consejo de mayores decidió aprobar la tala indiscriminada de nopaleras, para lo cuál Abuelo nos llevo como siempre a trabajar, Muppet 1, 2 y 4 siempre estaban al mando de Abuelo, y así, todos juntos nos pusimos a tirar nopaleras; cayeron una por aquí y varias por allá, el patio de la casa se convirtió en el campo para una batalla entre la naturaleza desértica y la familia; nosotros tirábamos con cuerdas de los nopales, les cortábamos con machetes y hachas y ellos simplemente se dignaban a lanzar sus espinas, que estratégicamente se iban a atorar en las cuerdas y demás herramientas. Al final el saldo fue de varias nopaleras derribadas y convertidas en pencas y cientos de espinas clavadas en nuestra piel, ganamos por default.
Al terminar siempre los trabajos Muppet 4 robaba las llaves del auto de To y nos íbamos a la presa dónde intentábamos cazar lagartijas y sincuates en la parte seca de la presa que siempre estaba llena de charcos donde croaban ranas y sapos y las arañas se alimentaban de renacuajos; nunca podía faltar la clásica biznaga en mi pie derecho y a Ella intentando quitármela, Muppet 4 se enojaba y me la arrancaba; chapoteábamos un rato y regresábamos en el auto robado a la escena del crimen en dónde Agüe nos regañaba y nos mandaba a la última recamara a jugar con la máquina atarantadora.
A las ocho de la noche Ime gritaba "Primera llamada" y su hermano Is le gritaba "Amalia" y más nos emocionábamos, porque eso significaba que pronto bajaríamos a la feria. después de la Segunda y Tercera llamadas, con sus correspondientes "Amalias" salíamos todos en procesión directo a la plaza del pueblo; al llegar dábamos la vuelta por la feria, To y Ar nos cuidaban, Agüe no nos quitaba la vista de encima y aún así Muppet 4 Ella y yo nos escurríamos de la iglesia al terreno de los castillo, era impresionante verles, tan altos, tan explosivos, esperando que los encendiesen con el espectáculo de juegos pirotécnicos que casi rompe muchos cuellos. Regresábamos a la feria en busca de To y Ar para que nos llevarán a los juegos y así comenzábamos: carros chocones, canicas, tiro al blanco y martillo.
Se escucha el primer estallido en el cielo, es la señal para ir al campo de los castillos, toda la gente se desplaza como manada y busca los mejores lugares para ver las luces. Agüe siempre temerosa de que a sus nietos les fueses a pisotear nos llevaba a todos a un lugar seguro no tan abarrotado, Abuelo, Ime, Is, Eta y los demás miembros del consejo de mayores abrían su patóna y los charros negros desfilaban hasta el final. Las lucen centelleaban en el cielo oscuro, serpientes chisporroteaban mientras se abrían paso y soltaban ese sonido característico parecido a la lluvia sobre el metal, arañas multicolores de más de diez patas aparecían el firmamento, comenzaban a quemarse los castillos, siempre tres, siempre primero el lado derecho, y las luces dibujaban flores, figuras de animales y a veces palabras, que transmutaban mientras los buscapiés y silbadores gritaban y eran el motor del show.
Al termino del primer castillo se dejaban ver de nuevo en el cielo el baile de luces y colores, el olor a pólvora se hacía más penetrante y las nubes grises se esfumaban después de haberse extinguido la luz y seguía de esa forma el segundo y tercer castillo. Nos quedábamos viendo al cielo esperando que las luces aparecieran de nuevo en el cielo, pero no volvían.
Siempre tomé esa fecha para estar al rededor de todos ellos, como la familia a la que pertenecí y el recuerdo es gratamente valorado, son días que no volverán, ya somos viejos y ya hay faltantes, Agüe Cho principalmente, ante ella giraba todo. Esa fecha en secreto la veía como mi regalo de cumpleaños, seguirá siendo un regalo.